Vachel Lindsay
(traducción de Manuel Sauceverde)
I
Los hombres soberbios
eternamente
me difaman
me llaman la “Calíope”
siseo…
silbo…
II
Soy el Sueño de los Barrios Bajos,
músico, nacido al vapor,
silbando alegría, silbando esperanza.
Soy la Calíope
y la Calíope me llaman.
¡Giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Miren las banderas: blanquísimas carpas,
miren al oso y al elefante,
miren al mono saltando la cuerda,
¡escuchen a la Calíope, Calíope, Calíope!
Alma del rinoceronte
y de los hipopótamos,
(¡escuchen el rugido del león!)
Jaguares, cacatúas,
mochuelos, búhos,
ululen, ululen.
¡Escuchen el rugido del león!
¡escuchen el rugido del león!
¡escuchen el RUGIDO del león!
Escuchen al leopardo que llora por sangre,
¡Giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Salve la sangrienta orquesta india,
salve, salve todos los puestos de palomitas de maíz.
salve el retrato de Barnum,
el gran ídolo del pueblo,
¡Hurra! ¡hurra! ¡hurra! ¡HURRA!
Soy música de la multitud,
el tremendo grito de un día de circo:
¡Soy la Calíope, Calíope, Calíope!
¡Tut! ¡tut! ¡tu-tut! ¡tu-tut! ¡tu-tut!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
siseo, silbo…
III
Nací de la multitud, nací del vapor,
escuchen mi sueño dorado,
escuchen mi sueño dorado,
¡escuchen mi SUEÑO DORADO!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
Humillaré al soberbio
humanizaré al severo y al torpe,
sacudiré al soberbio,
(¡escuchen el rugido del león!)
la multitud que come palomitas de maíz gobernará la ciudad.
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
El vapor trabajará melodiosamente,
la fraternidad aumentará.
Verás al mundo entero
por cincuenta centavos cada uno.
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Todos los días un día de circo.
¿Qué?
Bueno, casi cada día.
Nunca más pena y sudor
Nunca más una prisión.
Desaparecieron las guerras en la tierra y en los mares
que inquietaron a los hombres.
Todas las naciones son amigas,
felices con sus penachos
desfilan en largas calles iluminadas.
Bandas de música tocarán todos los días.
¿Qué?
Bueno, casi cada día.
¡Soy la Calíope, Calíope, Calíope!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
¡Tut! ¡tut! ¡tut! ¡tut!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Siseo, silbo…
IV
¡Cada alma
huésped
de la gran carpa-circo de la tierra!
Cada hombre rey del trapecio,
y un espectador alegre.
¡En los bancos! ¡En la pista!
Mientras los vecinos se embelesan mirando
y el clamor continúe.
Casi cada día una carrera
cuando suene el alegre gong,
cada carro en la línea,
cada conductor en su puesto,
con una elegancia antigua.
Casi cada día un sueño.
Casi cada día un sueño.
Cada joven,
soltera o casada,
ebria de música,
con el fuego en la mirada
de esa maravilla llamada deseo:
actriz, princesa, creada para la vida,
armada con orgullo como un cuchillo,
saltará a través de los aros encendidos.
(¡Escuchen el rugido del león!)
Haciendo gritar a los niños,
los payasos tropezarán,
pintados y llenos de canciones.
Mientras el clamor continúe,
aunque chille,
aunque ruja,
cada bestia
en su guarida,
cada bestia que antaño
agitó a los hombres.
V
Yo soy la Calíope, Calíope, Calíope,
silbando esperanza, silbando esperanza, silbando esperanza, silbando esperanza;
sacudiendo ventanas y puertas
con una estrepitosa y cósmica melodía,
con el bélico clamor de las estrellas,
ritmo del rugir del mediodía,
ritmo del rugir del Niágara.
Proclamando al planeta, a las estrellas y a la luna,
suplicando a los años gloriosos,
se alzarán poetas de voces proféticas.
Profetas después de mí,
cantarán mi canción con música más sutil
con más delicada sorpresa.
Yo soy sólo el precursor
voz de la democracia;
Yo soy el sueño de los barrios bajos,
Yo soy el sueño dorado,
la ciencia que canta, el vapor que canta.
Humillaré al soberbio,
(¡escuchen el rugido del león!).
Yo soy la Calíope, Calíope, Calíope,
silbando esperanza, silbando esperanza, silbando esperanza, silbando esperanza;
¡Tut! ¡tut! ¡tu-tut! ¡tu-tut! ¡tu-tut!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Siseo…
Silbo…
Tomado de Pascal, H. (compilador), Poemas de brujas y duendes, Alforja, Poesía en el Andén, México, 2006, 78 pp.