11 diciembre, 2007

Como una balsa ardiendo

Rosana Acquaroni

Como una balsa ardiendo
en el centro del agua,
una bañera terca rebosa lentamente
en mitad de la noche.
La tibieza del agua desatada,
liba la flor de las mareas
acarrea cigüeñas
y tortura con zarzas y gacelas
ríos de oscuridad.

Así el agua ha llagado la humedad de mi vientre
y deposita almendros sobre mis pies descalzos.
Ya sólo espero el relato del agua,
la lenta
supuración
del llanto.

Tomado de A media voz

Como en los cuentos de duendes zapateros

Rosana Acquaroni

Como en los cuentos de duendes zapateros
ella
lo hace por mí.
Ella,
la que desclava mis palabras,
hace el trabajo sucio
para luego
comerse mis perdices.

Tomado de A media voz

El alarido de Calíope

Vachel Lindsay
(traducción de Manuel Sauceverde)

I
Los hombres soberbios
eternamente
me difaman
me llaman la “Calíope”
siseo…
silbo…

II
Soy el Sueño de los Barrios Bajos,
músico, nacido al vapor,
silbando alegría, silbando esperanza.
Soy la Calíope
y la Calíope me llaman.
¡Giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Miren las banderas: blanquísimas carpas,
miren al oso y al elefante,
miren al mono saltando la cuerda,
¡escuchen a la Calíope, Calíope, Calíope!
Alma del rinoceronte
y de los hipopótamos,
(¡escuchen el rugido del león!)
Jaguares, cacatúas,
mochuelos, búhos,
ululen, ululen.
¡Escuchen el rugido del león!
¡escuchen el rugido del león!
¡escuchen el RUGIDO del león!
Escuchen al leopardo que llora por sangre,
¡Giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Salve la sangrienta orquesta india,
salve, salve todos los puestos de palomitas de maíz.
salve el retrato de Barnum,
el gran ídolo del pueblo,
¡Hurra! ¡hurra! ¡hurra! ¡HURRA!
Soy música de la multitud,
el tremendo grito de un día de circo:
¡Soy la Calíope, Calíope, Calíope!
¡Tut! ¡tut! ¡tu-tut! ¡tu-tut! ¡tu-tut!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
siseo, silbo…

III
Nací de la multitud, nací del vapor,
escuchen mi sueño dorado,
escuchen mi sueño dorado,
¡escuchen mi SUEÑO DORADO!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
Humillaré al soberbio
humanizaré al severo y al torpe,
sacudiré al soberbio,
(¡escuchen el rugido del león!)
la multitud que come palomitas de maíz gobernará la ciudad.
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
El vapor trabajará melodiosamente,
la fraternidad aumentará.
Verás al mundo entero
por cincuenta centavos cada uno.
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Todos los días un día de circo.

¿Qué?

Bueno, casi cada día.
Nunca más pena y sudor
Nunca más una prisión.
Desaparecieron las guerras en la tierra y en los mares
que inquietaron a los hombres.
Todas las naciones son amigas,
felices con sus penachos
desfilan en largas calles iluminadas.
Bandas de música tocarán todos los días.

¿Qué?

Bueno, casi cada día.
¡Soy la Calíope, Calíope, Calíope!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
¡Tut! ¡tut! ¡tut! ¡tut!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Siseo, silbo…

IV
¡Cada alma
huésped
de la gran carpa-circo de la tierra!
Cada hombre rey del trapecio,
y un espectador alegre.
¡En los bancos! ¡En la pista!
Mientras los vecinos se embelesan mirando
y el clamor continúe.
Casi cada día una carrera
cuando suene el alegre gong,
cada carro en la línea,
cada conductor en su puesto,
con una elegancia antigua.
Casi cada día un sueño.
Casi cada día un sueño.
Cada joven,
soltera o casada,
ebria de música,
con el fuego en la mirada
de esa maravilla llamada deseo:
actriz, princesa, creada para la vida,
armada con orgullo como un cuchillo,
saltará a través de los aros encendidos.
(¡Escuchen el rugido del león!)
Haciendo gritar a los niños,
los payasos tropezarán,
pintados y llenos de canciones.
Mientras el clamor continúe,
aunque chille,
aunque ruja,
cada bestia
en su guarida,
cada bestia que antaño
agitó a los hombres.

V
Yo soy la Calíope, Calíope, Calíope,
silbando esperanza, silbando esperanza, silbando esperanza, silbando esperanza;
sacudiendo ventanas y puertas
con una estrepitosa y cósmica melodía,
con el bélico clamor de las estrellas,
ritmo del rugir del mediodía,
ritmo del rugir del Niágara.
Proclamando al planeta, a las estrellas y a la luna,
suplicando a los años gloriosos,
se alzarán poetas de voces proféticas.
Profetas después de mí,
cantarán mi canción con música más sutil
con más delicada sorpresa.
Yo soy sólo el precursor
voz de la democracia;
Yo soy el sueño de los barrios bajos,
Yo soy el sueño dorado,
la ciencia que canta, el vapor que canta.
Humillaré al soberbio,
(¡escuchen el rugido del león!).
Yo soy la Calíope, Calíope, Calíope,
silbando esperanza, silbando esperanza, silbando esperanza, silbando esperanza;
¡Tut! ¡tut! ¡tu-tut! ¡tu-tut! ¡tu-tut!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡giro!
¡giro! ¡giro! ¡giro! ¡chillo! ¡Oh!
Siseo…
Silbo…

Tomado de Pascal, H. (compilador), Poemas de brujas y duendes, Alforja, Poesía en el Andén, México, 2006, 78 pp.

10 diciembre, 2007

Desde la casa en que no estoy

Mikeas Sánchez

escucho el danzar de las olas
y no es el mar quien me habla
es la lluvia que azota el tejado
Ha llegado el “norte”
y todos sabemos que se mojarán los pies

Donde duermo ya no llueve
Ni gotas de agua
ni sílice
ni arena
sólo ruidos de autos
letreros y luces neón
Donde duermo
ya no está mi abuelo
con sus ojos desnudos
a las dos de la mañana

Mi memoria es caja negra

Mikeas Sánchez

de un avión sin regreso
¿Cómo llego a la libación del agua de mar
del agua de salitre dulcísimo?
¿Cómo justifico esta embriaguez de extravío?
Mis manos se quiebran con el contacto del agua
quién soy sino el contrapunto del dolor
la perla negra en ojos del suicida
Y busco a mi padre y su macilenta alegría

Todo cambia

Mikeas Sánchez

Cambian de gesto las nubes
los amores
He mudado de piel
he perdido la mirada
murieron los ojos chillones
de tantas caídas
y “rodillas peladas”
murieron los ojos arcoiris
Al final estos ojos taciturnos
inhabitables

09 diciembre, 2007

Los pechos de Magaly

Silvia Tomasa Rivera

Los pechos de Magaly
son dos enormes girasoles
que penden de su cuerpo.
Atropellan desconocidos
y se desbordan sin recelo.
La cintura no es estrecha,
pero la curva de sus caderas
es como para entrar en la vida
y no salir sobria.
Su monte de venus...
un inmenso clavel negro.

Yo quisiera leer los pechos de Magaly
y encontrar a Dios entre sus piernas.

Lied de la noche

Álvaro Mutis

....................La nuit vient sur un char conduit par le silence.
.............................................................La Fontaine

Y, de repente,
llega la noche
como un aceite
de silencio y pena.
A su corriente me rindo
armado apenas
con la precaria red
de truncados recuerdos y nostalgias
que siguen insistiendo
en recobrar el perdido
territorio de su reino.
Como ebrios anzuelos
giran en la noche
nombres, quintas,
ciertas esquinas y plazas,
alcobas de la infancia,
rostros del colegio,
potreros, ríos
y muchachas
giran en vano
en el fresco silencio de la noche
y nadie acude a su reclamo.
Quebrantado y vencido
me rescatan los primeros
ruidos del alba,
cotidianos e insípidos
como la rutina de los días
que no serán ya
la febril primavera
que un día nos prometimos.

07 diciembre, 2007

Cuento sobre las viejas feas

Tadeusz Rózewicz

me gustan las viejas
las viejas feas
malignas: sal de la tierra
no les da asco la basura
humana

son ellas las que conocen el revés
de la medalla
del amor
de la fe

las viejas
vienen y van
mientras los dictadores
se hacen los graciosos
mostrando sus manos en sangre

las viejas feas se levantan
junto con el sol
compran carne frutas pan
lavan hacen la cocina
se quedan en las calles con los brazos cruzados
y se callan

las viejas
son inmortales

Hamlet se agita dentro de su red
Fausto hace un juego vil y ridículo
Raskolnikov bate con su hacha
las viejas son
irrebatibles
sonríen levemente

muere el dios
las viejas se levantan sin hacerle caso
cada día
compran pan vino pescado
se muere la civilización
las viejas se levantan junto al sol
abren las ventanas
tiran la basura
se muere el hombre
las viejas
entierran a sus muertos
siembran flores
sobre sus tumbas

me gustan las viejas
las viejas feas
malignas

creen en la vida eterna
ellas: la sal de la tierra
corteza del árbol
mirando con sus ojos de humildes bestias

cobardía y heroísmo
grandeza y mezquindad
a todo le dan una dimensión

conforme a las exigencias del día
de su día cotidiano
sus hijos descubren América
perecen en las Termópilas
crucificados se desangran
conquistan el cosmos

las viejas salen a las calles
junto con el sol compran leche
pan carne todavía falta pimienta
para el guiso
las viejas abren las ventanas

sólo los tontos ríen
de las viejas
de las viejas feas
malignas

porque ellas son mujeres
hermosas
las buenas viejas hermosas
como huevos
secretos sin misterio
bolas rodando incansablemente

las viejas son
momias
como de gatos sagrados

pequeñas
todas arrugadas
y cada día más secas
manantiales frutas
o gordas
budas ensimismadas

cuando mueren
se les escapa
una pobre lágrima juntándose
con una sonrisa feliz
de jovenzuela

30 noviembre, 2007

Qué cazador

Jorge Boccanera


Qué cazador derribó aquellas cartas
que nunca me mandaste.
Qué fuego las quemó,
en qué río se ahogaron.
Quién convenció a tus manos de que no,
quién a tu corazón,
quién a tu corazón,
quién a tu corazón.

Quién a tu boca.

Mejor es que se vayan aves negras,
mejor me dejen solo
que estoy enamorado
de otra muerte.

De esto ni una palabra a los carteros...

23 noviembre, 2007

Leve es la primavera

Usuda Aró

Leve es la primavera:
sólo un viento que va
de árbol en árbol

20 noviembre, 2007

Hongo

José Juan Tablada

Parece la sombrilla
este hongo policromo
de un sapo japonista.

Sandía

José Juan Tablada

Del verano, roja y fría
carcajada,
rebanada
de sandía.

El mono

José Juan Tablada

El pequeño mono me mira…
¡Quisiera decirme
algo que se le olvida!

El saúz

José Juan Tablada

Tierno saúz,
Casi oro, casi ámbar,
Casi luz...


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